Sabía que Martha no iba a vestir su propia piel mientras estuviera en la de Luis M.
Eran incompatibles, una era mujer, el otro hombre. Una era bajita, el otro era alto. Una era delicada y el otro fuerte.
Así que cuando Martha quisiera hacerse pasar por Luis M. debía quitarse su propia piel y guardarla. Por eso la espié durante semanas. La seguía sin que pudiera verme, vigilaba sus pasos, sus noches y sus días. Hasta que, por fin, pude ver como salía Luis M. de la casa de Martha.
